
La Estancia
Ubicada a 150 km de San Carlos de Bariloche, en el corazón de la estepa patagónica, la estancia se extiende sobre 15.000 hectáreas de paisaje abierto y naturaleza intacta.
Con una infraestructura cálida y armoniosamente integrada al entorno, combina tradición y funcionalidad, conservando el carácter auténtico de una estancia patagónica en plena actividad.
En sus tierras se desarrollan las tareas rurales propias de la región, manteniendo viva la cultura del trabajo de campo y el espíritu productivo que ha definido su historia.






















Historia
La comunidad alemana de Paso Flores
Los orígenes de la comunidad alemana de Paso Flores se remontan a 1945, en la Europa devastada por la posguerra. Un grupo de jóvenes cristianos, en su mayoría provenientes de Pforzheim, cerca de Stuttgart, sintió la necesidad de vivir su fe de manera más profunda y coherente con los preceptos bíblicos. Desencantados con las estructuras eclesiásticas tradicionales, decidieron formar una comunidad independiente basada en la vida en común, el trabajo compartido y la práctica cotidiana de sus convicciones espirituales.
En 1954, parte del grupo —unas 45 personas— emigró a las Islas Malvinas (Puerto Stanley), donde permanecieron entre cuatro y cinco años. Allí aprendieron tareas vinculadas principalmente a la ganadería, actividad que más tarde se convertiría en uno de los pilares de su sustento. Sin embargo, las limitaciones para desarrollarse plenamente y las diferencias en materia de libertad religiosa los llevaron a buscar un nuevo destino.
Tras un breve paso por Uruguay y Buenos Aires, algunos integrantes —entre ellos Willy Cordier y Heinz Haug— llegaron a la Patagonia argentina. Asesorados para radicarse en la zona andina, adquirieron la estancia Paso Flores en 1958, propiedad de Corina Mc. Donald. Ese mismo año se establecieron definitivamente en el lugar, junto a quienes aguardaban en Alemania. Así nació el “Paso Flores viejo”, una nueva etapa en una tierra distante y desafiante.
Los primeros años estuvieron marcados por el trabajo comunitario, el aislamiento geográfico y el esfuerzo por consolidar la convivencia. Con el tiempo surgieron diferencias internas que derivaron, en 1971, en una división del grupo: una parte se trasladó a El Bolsón y posteriormente a Cholila, mientras que quienes permanecieron en Paso Flores iniciaron una etapa de reorganización, incorporando empleados y maquinaria para sostener la producción.
Durante más de tres décadas, la comunidad atravesó transformaciones profundas sin abandonar los ideales que la habían impulsado a emigrar. Aunque en sus inicios buscaron cierta vida apartada, nunca estuvieron completamente aislados: los niños asistieron a la escuela pública Nº 159 y los adultos mantuvieron vínculos comerciales y sociales con la región.
Hoy, Paso Flores conserva la huella de aquella experiencia singular de fe, trabajo y perseverancia. Entre sus miembros se encuentra Anne de Boehn, de 95 años, ex enfermera de la Cruz Roja durante la Segunda Guerra Mundial, testigo viva de los comienzos y parte esencial de la memoria colectiva que dio forma a esta comunidad en el corazón de la Patagonia.
